Alumnas premiadas en la M. P. de Narrativa en el Aula

Ayer, en el salón de actos de la Diputación, tuvo lugar la presentación del libro XI Muestra Provincial de Narrativa en el Aula, que incluye los microrrelatos seleccionados por diferentes centros de Enseñanza Secundaria de Córdoba. Entre ellos se encuentran los elaborados por cinco alumnas de nuestro instituto: Carmen Baena López, María García Barea, Cristina Martín Anguita, María Rueda Ramírez y Sara Ruiz Notario. Presidió el acto el Delegado de Cultura, Antonio Pineda Bonilla, acompañado por las dos profesoras del IES Blas Infante que han coordinado la muestra, María Jiménez Aguilar y Gloria García, y el escritor Joaquín Pérez de Azaústre.

Éste último hizo las delicias de los asistentes con su verbo fluido y sencillo. Comenzó diciendo que el ejercicio de la literatura, como la visita a un museo o la audición de un concierto de música, nos hace mejores a las personas, aunque advirtió que escribir no es fácil sino que requiere esfuerzo y dedicación.

A continuación, y después de que los alumnos premiados leyeran en alto sus microrrelatos, pasó a comentar estos:

Del texto de Cristina Martín resaltó la acción, conseguida a través de frases cortas que reflejaban la agitación interior que está viviendo la protagonista:

Todo el ajetreo a mi alrededor no tenía importancia. Voces. Voces que rebotaban en mi cabeza como si fuesen ecos. Me tambaleé durante un instante. Ya está. Se acabó.

Todavía recuerdo el ruido de las sirenas de las ambulancias. Los médicos gritando cosas incoherentes. Cosas sin sentido. Toda una vida pasó por mi cabeza. Nuestros buenos momentos, risas, lágrimas, peleas… Y ya no podría volver a tener esos momentos en mis manos. No volvería a poder compartir mi vida con ella. En apenas un instante, abatida en un suspiro, murió en una camilla de hospital, mientras sostenía mi mano.”

Del de Sara Ruiz comentó que sabe generar la intriga y el misterio en torno al niño con el que traba amistad la protagonista, y va dejando pistas de modo sutil para que lo adivinemos. Por eso, exige una segunda lectura:

La niña jugaba siempre sola en el parque, hasta que un día un niño al que nunca había visto se acercó y la saludó. Así surgió su amistad. Todos los días se sentaban bajo un árbol y charlaban sin parar; otros chiquillos siempre se quedaban mirando a la niña extrañados. Un día, el niño no apareció. Ella estuvo esperándolo en el árbol, pero no lo vio. También lo aguardó al día siguiente, y toda esa semana; pero seguía sin aparecer. Preocupada, preguntó a los otros niños si lo conocían o lo habían visto, pero nadie sabía de quién estaba hablando.”

Del de María García subrayó los dos niveles de significación: el de las niñas que juegan juntas, pero a las que un muro acaba separándolas irremediablemente; y el del pueblo saharaui que también vive separado y aislado internacionalmente por la fuerza:

EL MURO DE LA VERGÜENZA

El muro nos separaba. Separaba al país y por lo tanto a nosotras. Ella está dentro, yo estoy fuera. Hace años que no nos vemos, hace años que no sabemos la una de la otra. Aún recuerdo la última vez que estuvimos juntas. Solo jugábamos como dos niñas, cuando una oleada de gritos y desesperación inundó la ciudad. Fui arrastrada por una muchedumbre de gente, en la cual estaba mi familia, que al instante me cogió como si de un saco se tratase y… le dije adiós, al igual que al Sahara.”

Del de Carmen Baena destacó cómo crea la sensación de asfixia, el estado de “shock” en el que se encuentra el personaje; y la sorpresa final del perro que le proporciona ayuda. Además, éste se llama Argos con lo que da pie a nuevos significados:

Cuando abrí los ojos, no veía nada, estaba oscuro y sentía ganas de llorar. Una gota de sangre me recorría la cara hasta llegar a la barbilla y caer en mi ropa. No podía moverme, me dolía todo el cuerpo, estaba atrapada. El polvo cubría mi boca y mi nariz, por eso me costaba respirar. Fui asumiendo que allí estaba mi destino, mi final. Noté una presión en el brazo que tiraba de mí, poco después la sensación del aire en mi mano, la luz en mi cara y la silueta de mi peludo amigo Argos.”

Del de María Rueda, uno de los más breves del libro, elogió la capacidad de síntesis, al definir la amistad, mediante una prosa rítmica, sin necesidad de nombrarla:

Están las que conoces en la infancia, las que comparten tu sangre, las de toda la vida, las que no te fallan, las que te hacen aprender y las que ningún obstáculo puede romper. Estas son las mejores.”

Así, con esta agudeza y sensibilidad, analizó cada uno de los textos incluidos en el libro, buscando siempre lo positivo de ellos. Sus reflexiones sobre cómo iniciar un relato para despertar la curiosidad del lector, generando tensión, pero al mismo tiempo dejando incógnitas por despejar; cómo continuarlo, dominando siempre la acción y los personajes; qué estilo utilizar, huyendo del lenguaje recargado y procurando en todo momento la naturalidad; y cómo cerrarlo de modo original, fueron seguidas con atención por los jóvenes escritores que casi llenaban el salón de actos.

Las casi tres horas que duró el acto de presentación se pasaron volando, incluso nuestras alumnas olvidaron tomar el bocadillo que llevaban en la mochila. Señal de que les estaba gustando lo que escuchaban.

Enhorabuena a todos: a nuestras alumnas, a las que animamos para que sigan escribiendo; a la Diputación Provincial, que financia la actividad; a las profesoras del Blas Infante que la coordinan; y muy especialmente a Joaquín Pérez de Azaústre por sus sabias palabras.

Matías Regodón

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