Finales de El gato negro

Estamos en la semana de Poe, porque celebramos el bicentenario de su nacimiento. Este escritor revolucionó el cuento de terror, dotándolo de un punto de vista psicológico original y de una atmósfera, que nos atrapa. Así, lo leímos en las clases de 4º de ESO, durante el primer trimestre, aislados de todo lo que nos rodeaba.

Pero hubo un relato que nos llegó especialmente, por la intriga que genera, y por la evolución de su protagonista, desde un niño dócil y bondadoso, del que se burlaban en la escuela, hasta un hombre frío y calculador, que es capaz de asesinar a su propia mujer.

En este punto culminante de El gato negro, les propusimos a nuestros alumnos y alumnas que inventaran un final diferente, porque partimos dela base de que la lectura es siempre un estímulo para la escritura. El resultado es el que pudimos ver y escuchar, ayer, en doble sesión de mañana y tarde, en nuestro renovado salón de actos.

Un espectáculo, en el que nuestro Poe particular, Antonio Gómez, después de leer su relato, hasta el momento que mencionábamos antes, elige cuál de los seis finales es el que encaja mejor en su forma de narrar, “el que contiene esa dosis de autorreflexión que acompaña siempre a las acciones de su personaje” –como se dice en el programa de mano-. La lectura se vio complementada por imágenes alusivas al contenido de los textos y por la música de piano interpretada en vivo por Agustín Ariza.

El alumnado de 4º de ESO siguió con atención el espectáculo, protagonizado por sus compañeros y profesores, a los que premiaron con una sonora ovación.

A destacar, el esfuerzo de Antonio Gómez por introducirse en la piel de este escritor genial, que murió prematuramente, como consecuencia de su alcoholismo; y el de cada uno de los seis alumnos (Julia Santamaría, Mari Carmen Villagraz, Andrea Cruz, Javier Diéguez, María García y Sara Ruiz Notario). También, la labor de dirección, que ha sabido engarzar el texto de Poe con los finales elaborados por los alumnos, en una puesta en escena sencilla, pero adecuada al objetivo que se pretendía; y la de Alba Arjona y Mari Carmen Trujillo, que llevaron con precisión las luces, el sonido y las imágenes. Y por supuesto el trabajo brillante de Agustín Ariza al piano, introduciendo la lectura del relato, subrayando los momentos culminantes del mismo y llenando los silencios de las escenas de transición.

Matías Regodón

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