Ebullición en el centro con el amigo invisible

Desde dos semanas antes de la Feria del Libro, el centro ha estado en ebullición; desde que extrajimos el nombre del compañero que nos había correspondido. Cada uno de los treinta y siete que participamos en la actividad de El amigo invisible intentando averiguar los gustos y preferencias literarias de la persona que nos había tocado en suerte. Unos lo han tenido más fácil, porque conocían a esta persona; pero otros han tenido que llevar a cabo un auténtico proceso de investigación, con el fin de acertar en la elección.

El pasado 23 de abril, desde primera hora, los libros iban siendo depositados en la mesa de la sala de profesores, hasta que llegó el momento en que cada uno de nosotros recogió el regalo de su amigo invisble. Desenvolvimos el libro, rememorando aquellos días de Reyes Magos, cuando éramos niños, y la emoción nos embargaba. Las caras reflejan la ilusión que nos hace recibir un regalo de una persona cuya identidad desconocemos. Leemos y releemos la dedicatoria, en las páginas iniciales del libro, con el fin de descubrir a nuestro amigo desconocido; miramos expectantes alrededor; y finalmente guardamos el tesoro en nuestra cartera.

Matías Regodón

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